Esta frase lo dice todo: este ingrediente no podía faltar entre los 9 sabores del fruto del Espíritu, ya que es muy importante para relacionarnos con Dios y con los demás. Lamentablemente es uno de esos a los que menos importancia le damos y por eso acarreamos consecuencias no solo destruyendo lazos en muchos ámbitos relacionales hoy en día como los son el matrimonio, la amistad, las relaciones laborales y las filiales, sino también en los diferentes aspectos de nuestra vida. El dominio propio o autorregulación tiene mucho que ver con la sabiduría, y es lo que evita que empeoremos las cosas en una conversación al ser cautelosos midiendo qué vamos a decir, y cómo vamos a decirlo, aprendiendo a refrenar nuestra lengua que puede destruirnos si la usamos mal. El dominio propio es aquel que evita que nos metamos en problemas en una situación determinada; Es aquel que regula nuestras emociones para que no se desborden y erremos en nuestras reacciones o decisiones las cuales pueden ser de ira, o de melancolía, o de impulsos exagerados, entre otros. El dominio propio es aquello que nos ayuda a saber qué hacer y como hacerlo de una manera correcta, balanceada. Es aquel elemento que nos ayuda a saber la perfecta medida del amor con que debemos amar a Dios, al prójimo y a nosotros mismos: la Biblia dice que amemos a Dios por encima de todo, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Por tal razón, un Padre o una madre no deben amar a sus hijos más que a Dios o más que a ellos mismos, una esposa o esposo no deben amar al otro más que a ellos mismos. También es si vamos a una tienda y nos gustan muchas cosas, no lo compramos todo pues nos arruinaríamos; Sino que debemos analizar, pensar en comprar solo lo necesario. Si estamos comiendo algo delicioso y quisiéramos más, deberíamos pensar en qué consecuencias habría si sigo comiendo tanto, y más si es comida chatarra, que es dañina. Si alguien nos hospeda en su casa, no debemos abuzar de la buena voluntad de esa persona, sino ser considerados hasta el punto en que ellos puedan desear que regresemos pronto a sus casas. Es algo así como los frenos de un carro, que nos ayudan a evitar grandes accidentes que podrían ser fatales. Todo esto nos es muy útil para nuestra vida en relación con nuestros familiares, amigos y conocidos. Dios nunca se equivoca en lo que hace, y en su Palabra está claro que el dominio propio es un elemento que no debe faltar en nuestras vidas como cristianos maduros. Por eso hoy les aseguro que tener autorregulación en nuestras vidas vale la pena si quieres construir relaciones funcionales y ser alguien medido.
Este verso en Proverbios 25:28 es muy decidor:
Como ciudad derribada y sin muro Es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda.