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Seguir a Jesús no nos va a llevar a una vida sin dificultades y podemos estar resistiendo a Dios mismo, sin darnos cuenta, al querer huir de nuestro exilio. Dios nos invita a abrazarlo a Él en el exilio de nuestras circunstancias.
Es en los momentos más angustiosos, en donde podemos ver a Jesús como nunca lo haríamos en tiempos cómodos. Y también hay situaciones en que solamente el Señor puede obrar. Ver a Dios en circunstancias adversas es como encontrarse con el rostro de un buen amigo en medio de una multitud en la calle. ¡Qué bueno es!
Una invitación a escuchar lo que el cuerpo siente y las emociones gritan, y a expresarlo, sin culpa y sin vergüenza.
¿Te has sentado con Dios en las cenizas de tus planes o anhelos? ¿Has dejado que Él te encuentre en medio de esos pedazos rotos de tus sueños? Yo lo he hecho muchas veces, he tenido que dejar a sus pies aquello que pensaba que era lo mejor para mí y aceptar lo que Él había preparado para mi vida. Como sucedió en la vida de Moisés.
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