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Cuando observamos un paisaje natural amplio: el mar, una montaña, un bosque,... Algo dentro de nosotros se remueve. No porque hayamos entendido algo con la mente, sino porque el ego se vuelve pequeño. No desaparece, pero se recoloca.
Y en ese espacio más amplio, el alma puede volver a respirar. Recordamos que somos parte de algo mayor, que no necesitamos controlar tanto, que no todo depende de nosotros.
Escuchar al alma requiere silencio. Y el silencio hoy es casi un acto revolucionario.
En ese espacio, el ego pierde fuerza, porque no puede alimentarse del ruido.
By Maria AbajoCuando observamos un paisaje natural amplio: el mar, una montaña, un bosque,... Algo dentro de nosotros se remueve. No porque hayamos entendido algo con la mente, sino porque el ego se vuelve pequeño. No desaparece, pero se recoloca.
Y en ese espacio más amplio, el alma puede volver a respirar. Recordamos que somos parte de algo mayor, que no necesitamos controlar tanto, que no todo depende de nosotros.
Escuchar al alma requiere silencio. Y el silencio hoy es casi un acto revolucionario.
En ese espacio, el ego pierde fuerza, porque no puede alimentarse del ruido.