
Sign up to save your podcasts
Or


En la tibieza de nuestra era moderna, se nos ha vendido un evangelio de azúcar y seda, donde la mansedumbre se confunde con la pasividad y el amor con la tolerancia absoluta. Sin embargo, el Dios que adoramos no es un ídolo de porcelana indiferente al mal. El Salmista nos advierte con claridad meridiana: “Los que amáis a Jehová, aborreced el mal” (Salmo 97:10).
La verdadera piedad cristiana —esa devoción profunda y reformada al Dios Trino— no solo nos permite sentir enojo; de hecho, lo exige. No se trata de una furia carnal o un berrinche del ego, sino de una indignación santa.
By samuel hernández clementeEn la tibieza de nuestra era moderna, se nos ha vendido un evangelio de azúcar y seda, donde la mansedumbre se confunde con la pasividad y el amor con la tolerancia absoluta. Sin embargo, el Dios que adoramos no es un ídolo de porcelana indiferente al mal. El Salmista nos advierte con claridad meridiana: “Los que amáis a Jehová, aborreced el mal” (Salmo 97:10).
La verdadera piedad cristiana —esa devoción profunda y reformada al Dios Trino— no solo nos permite sentir enojo; de hecho, lo exige. No se trata de una furia carnal o un berrinche del ego, sino de una indignación santa.