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La ley de Parkinson contempla un comportamiento extraño y muy frecuente. Nos muestra que cuando tenemos algo que hacer, tardamos en hacerlo y siempre acabamos perdiendo el tiempo. Si aprendes a desactivarla, gestionarás mejor tu tiempo y lograrás ser más eficaz. Esto es lo que me propongo explicarte hoy.
Hace unos días publicaba un post sobre los Sensitive readers.
En el artículo, explicaba que la sensibilidad en cuestiones relacionadas como orientación sexual, color de piel, género, o cualquier tema de identidad cultural, sexual o racial, se ha disparado.
La corrección politica del momento, afirma que ciertos temas han de ser tratados con suma delicadeza. A veces, se insiste en que no se hable de ellos, a no ser que lo haga un representante de estas minoría.
En este contexto y en la última década, se han popularizado mucho los “trigger warnings”. ¿No sabes lo que son? Pues son los mensajes o avisos que se emiten, antes de tratar un asunto que puede herir sensibilidades.
Hoy vengo a hablarte de una figura que genera bastante polémica, y es la del Lector de sensibilidad. Podemos y debemos preguntarso sobre su existencia: ¿es precaución o censura?
A la hora de editar y publicar un libro, el autor sabe que se tiene que enfrenter a muchos filtros, muchas etapas que garantizan la calidad del libro que finalmente saldrá a la luz. La idea es que el producto final roce la perfección.
Las etapas previas a la publicación son largas y muchas veces tediosas: la obra pasa por varios lectores beta, corrección, maquetación, ilustración, etc. Esto era así hasta ahora, pero se ha añadido a la lista otro etapa, otra dificultad, un filtro adicional: se trata de la «necesidad» de contratar un sensitivity reader, o lector de sensibilidad.
Es usual encontrarse con personas que tienen dificultad a la hora de diferenciar el narrador del autor de un libro. Les cuesta hacerse a la idea de que la persona que ha escrito la novela que están leyendo no es la que les está contando la historia. Sin embargo, es fundamental comprender que el narrador de una historia no es el autor, nunca lo es, NUNCA. Ni siquiera en las obras de autoficción.
El narrador, en mi opinión, es la figura central de la obra literaria, la voz que se encarga de contar la historia, de dosificicar y transmitir la información al lector. El narrador expone los hechos, presenta los personajes, los describe y muestra su comportamiento.
El lector comprende la historia a través de la mirada del narrador, que le sitúa en el espacio y el tiempo, y ve los hechos desde su perspectiva.
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