Viniendo de Valencia y estando en Fallas, lo suyo era indultar un ninot, una tradición local que consiste en salvar del fuego no la mejor figura ni la mejor obra, pero sí un argumento sentimental para equilibrar los excesos de las llamas y de la pirotecnia. Por eso se acostumbra a indultar una mascota, un niño. O en este caso dos niños que comparten con su padre y un burro una escena costumbrista de abnegación rural.