Cuando la familia Pinault eligió a un ejecutivo de la automoción para liderar Kering, el sector se dividió entre el escepticismo y la curiosidad. Seis meses después, los movimientos de Luca de Meo dibujan un patrón coherente: desmantelar lo accesorio, estabilizar lo estructural y apostar por una visión de largo plazo que los mercados ya están descontando. El criterio, a veces, llega de donde menos se espera.