La primera lectura y el pasaje evangélico de hoy nos sitúan ante la realidad de la llamada divina. La primera lectura nos transmite la experiencia de Samuel, llamado a ser profeta. Era sólo un muchacho cuando el Señor le llamó, de allí que no comprendiese la realidad del llamado, pensando simplemente que Elí, el sacerdote a cuyo servicio estaba, era quien le llamaba. Elí comprendiendo que se trata de un llamado del Señor, orienta a Samuel a responder: «Habla, Señor, que tu siervo escucha», indicando en ella la mejor actitud ante la llamada divina: escuchar al Señor y servir. Servir al Señor es la razón de ser de todo ser humano, en virtud de la creación. Y para permanecer en el servicio a Dios es preciso ser un oyente, escuchando siempre lo que el Señor dice, pues sólo así se puede conocer su voluntad salvadora.