Durante casi dos siglos, la muerte de Napoleón Bonaparte ha estado rodeada de especulaciones de asesinato, pese a que la autopsia original reveló que el emperador francés había sucumbido al cáncer de estómago. Una legión de enemigos encantados de que haya desaparecido. Sospechas que siguen vigentes y un oscuro dentista sueco impulsado a resolver uno de los mayores misterios de la historia.