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Este jueves, Donald Trump ha sido recibido por Xi Jinping en el Gran Salón del Pueblo de Pekín, el marco reservado para los encuentros políticos de máximo nivel. No es para menos, ya que el presidente de los EE. UU. y el máximo mandatario chino son, sin duda, los dos hombres más influyentes del planeta. La previsión es que la cumbre bilateral gire en torno a tres ejes: el comercial, el geoestratégico y el tecnológico. En el ámbito comercial, la primera y la segunda potencia económicas del mundo deberían estar condenadas a entenderse. Sin embargo, uno de los asuntos más urgentes es la prórroga de la tregua arancelaria alcanzada el pasado octubre.
En lo que atañe a la cuestión geoestratégica, la guerra de Irán ocupa ya una parte sustancial de las conversaciones. China, como principal comprador de petróleo iraní, no es en este asunto un observador neutral. La prioridad de Pekín, sin embargo, seguirá fijada en Taiwán, donde el apoyo del Gobierno de los EE. UU. a Taipéi es uno de los puntos de mayor fricción entre ambas potencias. Sobre la mesa también estará el desarrollo de la Inteligencia Artificial. El control de los chips de última generación, las tierras raras y la regulación de esta tecnología transformadora sitúan a Washington y Pekín en una competencia que determinará las opciones del resto de potencias durante décadas. Es muy probable que la cumbre no decante de forma definitiva ninguno de estos tres ejes. Sin embargo, caben pocas dudas de que lo que ocurra de aquí al viernes en Pekín marcará el destino de la política y la economía mundiales en los próximos meses.
By COPEEste jueves, Donald Trump ha sido recibido por Xi Jinping en el Gran Salón del Pueblo de Pekín, el marco reservado para los encuentros políticos de máximo nivel. No es para menos, ya que el presidente de los EE. UU. y el máximo mandatario chino son, sin duda, los dos hombres más influyentes del planeta. La previsión es que la cumbre bilateral gire en torno a tres ejes: el comercial, el geoestratégico y el tecnológico. En el ámbito comercial, la primera y la segunda potencia económicas del mundo deberían estar condenadas a entenderse. Sin embargo, uno de los asuntos más urgentes es la prórroga de la tregua arancelaria alcanzada el pasado octubre.
En lo que atañe a la cuestión geoestratégica, la guerra de Irán ocupa ya una parte sustancial de las conversaciones. China, como principal comprador de petróleo iraní, no es en este asunto un observador neutral. La prioridad de Pekín, sin embargo, seguirá fijada en Taiwán, donde el apoyo del Gobierno de los EE. UU. a Taipéi es uno de los puntos de mayor fricción entre ambas potencias. Sobre la mesa también estará el desarrollo de la Inteligencia Artificial. El control de los chips de última generación, las tierras raras y la regulación de esta tecnología transformadora sitúan a Washington y Pekín en una competencia que determinará las opciones del resto de potencias durante décadas. Es muy probable que la cumbre no decante de forma definitiva ninguno de estos tres ejes. Sin embargo, caben pocas dudas de que lo que ocurra de aquí al viernes en Pekín marcará el destino de la política y la economía mundiales en los próximos meses.