Analizar el programa de Parisi en cultura es un trabajo sospechosamente rápido: tras 128 páginas y 17 "áreas estratégicas", la Cultura, las Artes y el Patrimonio brillan por su ausencia; parece que ni siquiera los invitaron a la fiesta, y el Turismo apenas se asoma como un posible efecto secundario de los torneos de videojuegos. En la vereda opuesta, el programa de Matthei es un manual de contabilidad hiperdetallado donde el Turismo va directo a la carpeta de 'Negocios Serios' junto a la minería, con la misión de traer divisas y ganar 'flexibilidad' (guiño, guiño). La Cultura, en cambio, es enviada al rincón de 'Calidad de Vida' con los deportes, donde su trabajo no es existir por placer, sino ser útil: debe 'competir', 'cohesionar' y ser el brócoli social que todos necesitamos. Así que la elección es clara: la cultura tratada como un fantasma, o la cultura tratada como la empleada del mes... vaya disyuntiva.
Sí, antes hablábamos solo de Santiago. Pero la verdad es que exploramos muchas más cosas: nuestro patrimonio, el arte que nos conmueve, las noticias culturales que nos competen, esos “chismes históricos” que nos hacen sonreír con las curiosidades del pasado, y un sinfín de expresiones que nos dan identidad.
¿Y todo esto está unido por qué? Por aquello que nos mueve y nos da sentido: la cultura.