Stanley Kubrick quiso adaptarla. Umberto Eco le dijo que no. Y nos quedamos sin la única película que igual habría estado a la altura. Pero nos quedamos con el libro: seiscientas páginas sobre tres editores que se inventan una conspiración por aburrimiento... y descubren, demasiado tarde, que hay gente dispuesta a creérsela. Por el camino: el cártel de las bombillas, el cheque del azúcar a Harvard, el impuesto al sol, la bomba de neutrones y un péndulo que sigue oscilando en París mientras la Tierra gira debajo. Ni tontos, ni locos. Atentos.