El Titanic tenía botes para la mitad del pasaje.
Un siglo antes, la fragata francesa Medusa encalló por la soberbia de un capitán que llevaba 25 años sin navegar, y quienes iban en los botes cortaron la cuerda que remolcaba a 150 personas en una balsa improvisada por el naufragio.
Trece días después quedaban quince.
De ahí salió el cuadro más incómodo del Louvre que su autor, Géricault, pintó con cadáveres reales en su estudio. Sobre todo esto tenemos un libro de Julian Barnes desmontando cómo el arte convierte la masacre en postal. El marketing y la negligencia intelectual en discusión indocumentada, meme o imán de nevera.
Tres naufragios, tres grandezas —la Francia de la Restauración, las navieras del gran capital, las catedrales de datos de hoy— y una sola pregunta que atraviesa los siglos: ¿quién decide quién sube al bote? Con Tresdoievski, el Safont y un invitado francés muy elegante.
El mar se respeta. El dataset, también.
Voces sintéticas generadas con ElevenLabs.
Música y efectos:
· "Bell Signals" , vía Freesound (licencia [CC0/CC-BY])
· "News Intro" , vía Tunetank (licencia gratuita con atribución)
· "Cardinal" (id 37075) , vía Freesound (licencia [CC0/CC-BY])
· "Historical Museum Piano Background" — BackgroundMusicForVideos, vía Pixabay (licencia Pixabay)
· [resto de camas y FX: Pixabay / Freesound, licencias libres]
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