Cuando a la lejanía de los tiempos los historiadores vean los años transcurridos entre 1999 y 2020, seguro los observarán como un fragmento en el cual se ejecutó la destrucción de un país por quienes llegaron al poder con las banderas de la anticorrupción y el nacionalismo. Estudiarán la contradicción que se construyó con el latrocinio, la ineficiencia, la ignorancia y la terquedad ideológica. 21 años en los cuales se destruyeron dos valores de nuestra nacionalidad: el bolívar y Pdvsa.
Tanto el bolívar, nuestra moneda llamada así en honor al Libertador de cinco naciones, y Pdvsa, la empresa que era el estandarte de un país, que hizo pensar a algunos extranjeros que todos los venezolanos teníamos un pozo petrolero en nuestras casas y la experticia para extraer el crudo, hoy son espectros que dependen más de gobiernos extranjeros que de la autonomía del venezolano.
En la calle la moneda nacional no es más que un sustantivo que no se conjuga con ningún verbo que indique prosperidad y progreso. Hasta la Casa de la Moneda es hoy una ruina donde abundan los olores cloacales y no el aroma a billetes recién impresos.