Mientras en Caracas, el jueves 10 de septiembre en cinco estaciones de servicio se formaron colas que entre todas sumaron una longitud de 9,7 kilómetros, en Ciudad Ojeda, municipio Lagunillas del estado Zulia, los conductores que quieran surtir sus tanques deben pagar a dos o tres dólares el litro, pasar un mínimo de dos semanas esperando el combustible o conformarse con andar a pie, en bicicletas o motos eléctricas, como ocurre también, con algunas variantes, en otras áreas de Venezuela.
Todo eso conforma una ilógica realidad para un país como Venezuela y sobre todo para una zona petrolera con un pasado pujante, donde hoy se vive una verdadera tragedia, hasta el punto que los rusos –también bielorrusos– que llegaron con todas las ventajas para operar campos asignados a Petrozamora, ahora se quieren ir debido a las dificultades para mantener ganancias en un negocio que parecía redondo.
El viernes le escribí a un empresario de Ciudad Ojeda para tratar un tema que no estaba relacionado a la industria petrolera. Pero en medio de su angustia por tener que mantener abierta una empresa sin que Pdvsa pague las deudas acumuladas, hizo un relato pormenorizado que revela la tragedia de Ciudad Ojeda, la Costa Oriental del Lago y, en general, del Zulia, que no dista mucho de ser la misma, como lo dijo el informante, de lo que sucede en Oriente.