La muerte se levanta con nosotros día con día, no necesita motivos, pues el motivo es ella misma. No necesita alimento, y curiosamente, la muerte nunca morirá. Siendo así las cosas, por qué habríamos de preocuparnos por lo evidente, por lo inmutable. Alguien me contó una vez de “los muertos chingones”. Me dijo que son aquellos que, más que lo trágico de su ausencia, te invitan a contar cómo vivieron, a celebrar la vida por encima de la muerte, pues la muerte se celebra a sí misma todos los días.