La idea de llevar una vida “perfectamente saludable” suena, en teoría, impecable: comida orgánica, sueño natural y reparador, ejercicio diario y constancia casi espartana. Pero cuando ese ideal se toma al pie de la letra, puede transformarse en una fuente inesperada de tensión más que de bienestar. Optar por comida orgánica, por ejemplo, es una elección válida y, en muchos casos, beneficiosa. Sin embargo, convertirlo en una norma rígida puede generar ansiedad, culpa o incluso aislamiento social cuando no se puede cumplir.