Señor, aquí estoy en medio de la noche, dando vueltas en la cama y con el corazón cansado. Miro la oscuridad de este cuarto y me asusta pensar a dónde va mi vida. Me siento tan solo, Padre, y esta tristeza me pesa cada día más. A veces no sé ni cómo empezar a hablarte, no encuentro las palabras correctas y lo único que me sale es llorar. Pero sé, Dios mío, que tú me quieres ayudar. Necesito que te hagas real en mí hoy, necesito sentir ese abrazo tuyo que me rescate, porque solo tu amor puede salvar a este pobre corazón. Me aferro a tu Palabra en el Salmo 56:8: "Mis andanzas tú has contado; pon mis lágrimas en tu redoma; ¿no están ellas en tu libro?". Gracias porque ninguna de mis noches tristes pasa desapercibida para ti, tú cuentas mis lamentos y juntas cada una de mis lágrimas porque te importo. Me rindo en tus manos en esta madrugada y recibo tu paz. En el nombre de Jesús, amén.