No es un secreto que el tecnofeudalismo representa enormesriesgos, como la concentración extrema de poder, pérdida de la autonomía del individuo, y la limitación de competición leal en el mercado. Hoy día todo ya está dominado por corporaciones tecnológicas, lo cual se traduce en la recarización laboral y e incremento en esa falsa y absurda ilusión de que podemos elegir.
Ya es obscena la mercantilización del tiempo y la atención, hoy día cada minuto de nuestra vida es un recurso explotado por estas corporaciones que están a nada de cobrarte por el simple hecho de respirar.
Pero esto augura a que irá a peor, porque es demasiado caro y representa tiempo educar a los usuarios para concientizarlos del uso mesurado de las plataformas. No existe una regulación adecuada del estado para imponer límites a los monopoliosdigitales, así como tampoco garantizan los derechos laborales en la economía de las plataformas. Y tampoco están dispuestos a impulsar alternativas descentralizadas, como cooperativas digitales, softwares libres y redes comunitarias. Y ni qué decir de la protección de datos, la cual, por más avisosde privacidad que te ofrezcan, tu información personal está volando por ahí, a disposición de cualquiera.
Pero eso no es todo, porque ahora imagina llegar al punto en el que tu salud, tu integridad y tu estabilidad mental, dependan de una suscripción mensual, que, al dejar depagarla, te convertirías en automático en un bulto inerte.