El demonio existe. Y aunque es un moribundo, es un gran seductor. Aunque es un derrotado, se mueve como un vencedor. El demonio sabe cómo seducirnos, cómo acercarse a nosotros, qué palabras decirnos... Nos presenta un regalo muy atractivo por fuera, pero sin decirnos lo que hay dentro...
El demonio es como un perro rabioso y enojado que está encerrado. Si nos acercamos a él, nos va a morder. Por eso no hay que dialogar con él, no hay que caer en su juego.