Gracias, Señor, por el regalo de este nuevo día. Hoy será precioso, pues experimentaré tu amor de mil maneras. Veré tu amor a través del sol, el cielo, los árboles, las plantas y los pájaros, captando con mis ojos los miles de colores que pintarán mi día.
Me saciaré de tu amor mediante gestos de ternura, bondad y cuidado de las personas que colocarás en mi camino. Viviré el día sin preocuparme, recordando las palabras del evangelio: 'No se inquieten por el mañana, a cada día le basta su propio afán' (Mt 6, 34).
Este día lo viviré sin inquietudes ni preocupaciones, pues todo está en tus manos y todo sucede para el bien de los que amas, según dice el apóstol San Pablo. Señor, hoy será pleno, inundado de tu paz que supera todo pensamiento y petición, sosteniéndome en cada momento.
Sé, Señor, que escuchas mi voz en esta oración matutina. Veré cómo defiendes mi causa, sin tener que defenderme de nada ni de nadie, ya que tú, como un poderoso guerrero, abrirás un camino de prosperidad y bendición para mí.
No tendré que defenderme, porque tú defiendes mi causa, y si estás conmigo, ¿quién contra mí? Este día será iluminado, caminaré bajo la luz de tus inspiraciones en mi corazón y escucharé la voz de los que más sufren, donde también tú hablas.
Hoy, Señor, mi corazón rebosará de alegría al ver tu rostro en los detalles que me regalarás. Experimentaré gozo y bendeciré tu nombre, así como a aquellos que hacen el bien. Mi boca se llenará de alabanzas y acción de gracias.
Contemplaré tu victoria, y mi corazón se alegrará contigo. Hoy será un día seguro, caminaré a la sombra de tus alas, siguiendo el camino que indicas sin dudas atormentadoras. Eres mi baluarte, mi escudo, mi Alcázar y mi fortaleza.
Mi pie no tropezará, ningún lazo me hará caer, pues guías mis pasos y tus ángeles tienen órdenes de cuidarme en mis caminos. Hoy caminaremos juntos, trabajaremos juntos, nos cansaremos y nos regocijaremos juntos. Será un día lleno de tu presencia. Al caer la tarde, te daré gracias, Dios de mi vida, Dios de mi alegría.