A medida que las empresas y organizaciones maduran
tienden a volverse más complejas, desde sus procesos, su comunicación, tecnologías, y hasta en cómo se vinculan con sus colaboradores. La simplicidad se va. Y esta no es una buena noticia precisamente. ¿Es lo simple y repetido
una fórmula exitosa que nos puede ayudar a conservar la esencia?