El 11 de marzo de 2011, por primera vez cámaras con estabilizador de imagen capturan los efectos en los rascacielos cuando se desencadena un megaterremoto de magnitud 9, originando un devastador tsunami. Japón posee parte de la tecnología más sofisticada del mundo en lo que a detección de terremotos se refiere, no obstante, los expertos no consiguieron prever el desastre que se les venía encima.