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Mateo 4:1–11
¿Tuvo oportunidad de leer el capítulo 6 de Deuteronomio? ¿Cuál es el contexto de la cita? ¿Por qué Moisés le dijo esto a los israelitas? ¿A qué peligros se exponían en la conquista de la tierra? ¿De qué manera seducían al pueblo de Dios?
Habrá notado que la clave del capítulo es esta frase, referida a los mandamientos que Dios entrega por medio de Moisés: «para que los pongáis por obra en la tierra que vais a poseer» (6:1). Una vez más comprobamos que el tema de la obediencia es absolutamente central para todo lo que está en juego en las tentaciones.
En la tentación anterior, la respuesta del Cristo reveló cuán fácil nos resulta inventar proyectos para traer gloria al nombre de Dios. Como pudimos ver, estos proyectos colocan a Dios en la posición de siervo de los hombres. La negativa del Cristo de caminar en esa dirección obliga al diablo a plantear otra propuesta.
Como la elaboración de nuestros propios planes nos perjudica grandemente, la única alternativa que nos queda es seguir cuidadosamente las instrucciones de Dios para nuestra vida. El Señor dio a Israel muchas instrucciones en cuanto a la conquista de la tierra, entre las cuales había dictado no dejar con vida a hombres, mujeres, niños ni ganado en las ciudades que llegaran a poseer. Si el pueblo se detenía a pensar en lo que Dios les estaba pidiendo, tales instrucciones les parecerían exageradamente severas. No obstante, la bendición se hallaba en «obedecer cuidadosamente los mandamientos» (Deuteronomio 11:13), frase que se repite una y otra vez a lo largo del libro.
Volvamos ahora a la persona del Cristo. Ha descartado caminar en sus propios planes. Le queda la opción de caminar en el camino que Dios ha marcado para su vida. Este camino le permitirá arribar al mismo punto de la oferta del enemigo: «Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16). No obstante, el camino tiene precio: la cruz.
Ahora podemos entender dónde radica esta tentación. Decidir alinear nuestras vidas con la Palabra de Dios no nos garantiza que el camino por delante será fácil. Así como actuó con el pueblo de Israel, el Señor puede exigirnos que asumamos compromisos que nos resultarán extremadamente duros. Frente a estas exigencias, el diablo se presenta y pregunta: «¿será este, verdaderamente, el mejor camino a seguir?» La insinuación que trae a Jesús es que no hace falta experimentar la cruz para obtener «el mundo», cuando puede obtener lo mismo simplemente arrodillándose delante de él.
Del mismo modo los israelitas creían que Dios les daba licencia para cambiar y modificar las instrucciones que él les ordenaba. En su perspectiva, lo importante era poseer la tierra, no la manera en que lo hicieran. Cometieron el gravísimo error de creer que la palabra de Dios no era más que una sugerencia acerca de la manera en que debían avanzar a la meta del Señor. El camino señalado por el Padre, sin embargo, es el único aprobado para alcanzar el objetivo.
By Eduardo DíazMateo 4:1–11
¿Tuvo oportunidad de leer el capítulo 6 de Deuteronomio? ¿Cuál es el contexto de la cita? ¿Por qué Moisés le dijo esto a los israelitas? ¿A qué peligros se exponían en la conquista de la tierra? ¿De qué manera seducían al pueblo de Dios?
Habrá notado que la clave del capítulo es esta frase, referida a los mandamientos que Dios entrega por medio de Moisés: «para que los pongáis por obra en la tierra que vais a poseer» (6:1). Una vez más comprobamos que el tema de la obediencia es absolutamente central para todo lo que está en juego en las tentaciones.
En la tentación anterior, la respuesta del Cristo reveló cuán fácil nos resulta inventar proyectos para traer gloria al nombre de Dios. Como pudimos ver, estos proyectos colocan a Dios en la posición de siervo de los hombres. La negativa del Cristo de caminar en esa dirección obliga al diablo a plantear otra propuesta.
Como la elaboración de nuestros propios planes nos perjudica grandemente, la única alternativa que nos queda es seguir cuidadosamente las instrucciones de Dios para nuestra vida. El Señor dio a Israel muchas instrucciones en cuanto a la conquista de la tierra, entre las cuales había dictado no dejar con vida a hombres, mujeres, niños ni ganado en las ciudades que llegaran a poseer. Si el pueblo se detenía a pensar en lo que Dios les estaba pidiendo, tales instrucciones les parecerían exageradamente severas. No obstante, la bendición se hallaba en «obedecer cuidadosamente los mandamientos» (Deuteronomio 11:13), frase que se repite una y otra vez a lo largo del libro.
Volvamos ahora a la persona del Cristo. Ha descartado caminar en sus propios planes. Le queda la opción de caminar en el camino que Dios ha marcado para su vida. Este camino le permitirá arribar al mismo punto de la oferta del enemigo: «Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16). No obstante, el camino tiene precio: la cruz.
Ahora podemos entender dónde radica esta tentación. Decidir alinear nuestras vidas con la Palabra de Dios no nos garantiza que el camino por delante será fácil. Así como actuó con el pueblo de Israel, el Señor puede exigirnos que asumamos compromisos que nos resultarán extremadamente duros. Frente a estas exigencias, el diablo se presenta y pregunta: «¿será este, verdaderamente, el mejor camino a seguir?» La insinuación que trae a Jesús es que no hace falta experimentar la cruz para obtener «el mundo», cuando puede obtener lo mismo simplemente arrodillándose delante de él.
Del mismo modo los israelitas creían que Dios les daba licencia para cambiar y modificar las instrucciones que él les ordenaba. En su perspectiva, lo importante era poseer la tierra, no la manera en que lo hicieran. Cometieron el gravísimo error de creer que la palabra de Dios no era más que una sugerencia acerca de la manera en que debían avanzar a la meta del Señor. El camino señalado por el Padre, sin embargo, es el único aprobado para alcanzar el objetivo.