«Señor, ayúdame». El grito de la mujer cananea en el Evangelio nos recuerda que la fe verdadera no se rinde ante el dolor ni permite que las diferencias nos separen.
Hoy, mientras Colombia atraviesa momentos difíciles por el terremoto y sus consecuencias, esta Palabra adquiere un significado especial. Nuestros hermanos de los pueblos y ciudades afectadas necesitan nuestra solidaridad y, allí donde sea posible, nuestras manos dispuestas a servir.
Que este Evangelio nos ayude a comprender que creer también significa compadecernos, acercarnos y responder al dolor del otro. Que nuestra fe no sea indiferente ante el sufrimiento.
Señor, ayúdanos a ser instrumentos de tu Amor y tu Misericordia.