Los símbolos aúnan en su representación a una sociedad, una idea o una organización, porque su esencia es la de unir y no la de enfrentar. Por eso los símbolos no representan esencialismos diferenciadores, sino aglutinadores de la diversidad en la que se forja el carácter de aquello que se representa. Ni siquiera el concepto de patria define ninguna esencia, sino la tierra natal o adoptiva a la que libremente se ligan las personas. Así las banderas no definen esencialismos estigmatizadores, sino lo que une la diversidad de un pueblo. En el caso español nuestro particular uso del tiempo que nos permite saber disfrutar de la vida en todos los territorios, donde los ciudadanos trabajan para vivir y no viven para trabajar. De ahí que apropiarse de los símbolos es despojarles de este valor de lo diverso, para convertirlos en un arma arrojadiza centrada en un esencialismo mohoso ligado a la religión católica y a conceptos como los de honor y gloria de tiempos pretéritos. Recuerda: los símbolos son de todos