Un ajetreado corredor de bolsa, con la compra y venta de acciones para sus clientes no siempre tiene la cabeza en disposición para atender otras cosas.
El que aparece en el relato se ve en la necesidad de contratar una nueva taquígrafa, aunque no tiene claro el motivo de hacerlo.
La historia le sirve una vez más a O Henry para mostrar una sorpresa.