San Juan cuenta cómo, después de morir Jesús, "uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua". Se cumplía así una profecía del Antiguo Testamento: "Mirarán al que traspasaron". El corazón abierto de Jesús nos habla de su Amor "hasta el extremo", y nos dice también que Él permanece abierto para nosotros, que siempre podemos volver a Él. Su corazón de carne, como el nuestro, es una muestra más de hasta qué punto nos comprende, y constituye al mismo tiempo una invitación para amar a los demás.