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En un México del siglo XX que se industrializaba y buscaba su identidad, el cine traía superhéroes extranjeros de Krypton o Ciudad Gótica. Pero el pueblo encontró su propio héroe: no volaba, no venía de otro planeta, no tenía fortuna ni armaduras. Era un luchador de plata que se enfrentaba a vampiros, momias y extraterrestres, pero que al terminar la función se subía al ring y sudaba en el cuadrilátero. La contradicción: el héroe más fantástico de México era también el más real de todos, porque su máscara ocultaba un rostro que el público podía tocar.
By Andres Amadeo Jejen PaezEn un México del siglo XX que se industrializaba y buscaba su identidad, el cine traía superhéroes extranjeros de Krypton o Ciudad Gótica. Pero el pueblo encontró su propio héroe: no volaba, no venía de otro planeta, no tenía fortuna ni armaduras. Era un luchador de plata que se enfrentaba a vampiros, momias y extraterrestres, pero que al terminar la función se subía al ring y sudaba en el cuadrilátero. La contradicción: el héroe más fantástico de México era también el más real de todos, porque su máscara ocultaba un rostro que el público podía tocar.