En este episodio, Daniel y Amala conversan sobre la importancia de volver al "core": ese núcleo intacto dentro nuestro donde, más allá del ruido, todo siempre está bien.
Muchas personas intuyen que las respuestas que buscan se encuentran en ese "no-lugar" y, sin embargo, suelen evitarlo. A veces por miedo o simplemente porque han aprendido a vivir con el foco volcado hacia afuera, desconectad@s del cuerpo y del presente.
Aparece aquí la práctica de Ecstatic Dance —danza extática— como una invitación a ir hacia adentro y, al mismo tiempo, expresar lo que sentimos a través del movimiento libre sostenido por un viaje musical creado especialmente para facilitar ese proceso.
Las sensaciones posteriores al viaje: quietud interna, ligereza, y un estado de relajación profunda semejante al efecto de un masaje de cuerpo entero, sin contacto físico.
En ese sentido, Daniel y Amala nos recuerdan que todo lo que nos devuelve al presente puede convertirse en una práctica meditativa, y que no sólo danzamos para celebrar o cuando nos sentimos cómodos en el cuerpo.
A veces, precisamente cuando hay mucho movimiento emocional o energético, el cuerpo necesita moverse para permitir que esa energía complete su ciclo natural. Cuando dejamos de resistirnos y entramos en sintonía con ese flujo, las aguas internas se van aquietando naturalmente.
También plantean que, aunque la comprensión intelectual de nuestras heridas, traumas o cargas heredadas puede facilitar importantes tomas de conciencia, muchas veces resulta insuficiente por sí sola.
Lo que termina de completar el proceso de sanación e integración es la conexión consciente con el cuerpo y la liberación de aquellas energías cuyo flujo quedó interrumpido en algún momento de nuestra historia.
Volver a la música, al ritmo y al movimiento, es regresar a formas primales de expresión, presencia y conexión con la vida.