Era el 5 de noviembre de 1975, poco después de las 6:00 p.m., cuando el sol ya se había hundido tras las montañas Mogollon, dejando el bosque nacional de Apache-Sitgreaves en Arizona sumido en una penumbra azulada. Siete hombres, todos trabajadores forestales, regresaban en una camioneta Ford F-250 después de una jornada agotadora de tala y limpieza de senderos. El aire olía a pino, humedad y diesel. Hablaban poco. Estaban cansados, como siempre lo estaban al final de un turno de diez horas en terreno montañoso.