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A veces, al final de un año, se hace difícil visualizar el que viene. Y a veces, al final de una temporada, se complica imaginar lo que sigue. Anoche, mientras hablábamos de estos temas profundos y existenciales, mi amiga Dehily compartió que en la temporada que está viviendo ahora, le resulta difícil ver lo que viene. Y sé que no es la única, muchos de mis amigos están en esa misma posición.
Así que hoy quiero ofrecerles una imagen sencilla:
Pongan sus manos como si estuvieran sosteniendo un pequeño telescopio.
Si pudieran usar esta metáfora para sostener sus ideas, sus preguntas, sus esperanzas… ¿qué verdades ocultas comenzarían a ver? Un telescopio nos permite ajustar el lente para acercar lo que está lejos, hacerlo más claro, más nítido. Cosas que no se pueden ver con tus ojos naturales se vuelven visibles cuando se miran a través de un instrumento diseñado para ayudar a ver más lejos.
Pero aquí está la verdad:
A veces, ni siquiera un telescopio es suficiente.
Porque hay temporadas en las que lo que viene no solo está lejos… es invisible. Aún no se ha formado. Aún no ha sido revelado. Y en esos momentos, se necesita algo más que una herramienta.
Se necesita agregar el corazón a ese telescopio.
La fe.
La disposición de cerrar los ojos y confiar.
Así que imaginen esto: con tus manos levantadas como un telescopio, cierren los ojos. Dejen que el corazón se convierta en el lente. Dejen que el espíritu empiece a procesar aquello que se anhela, lo que se espera que Dios revele, aquello en lo que están creyendo, aunque aún no puedan imaginarlo.
Un telescopio es un instrumento para ver cosas en lo natural… pero la fe…la fe es la convicción de que lo que no se ve, y aun así es tan real.
La fe dice: “No sé cómo va a suceder, pero sé que Dios tiene algo preparado para mí.”
Así que hoy, tomen ese telescopio imaginario.
Miren hacia la distancia.
Agreguen nuestra fe.
Y comiencen a mirar al próximo año:
Día a día,
Semana a semana,
Mes a mes.
Piensen en los 12 meses que vienen como 12 oraciones, 12 esperanzas que se colocan delante de Dios. Un número hermoso. Un ritmo sagrado.
Y confíen en esto:
El mismo Dios que puso esos sueños en el corazón, es el Dios que honrará esos deseos.
Aun antes de que puedan verse
Aun antes de que tomen forma.
Solo sigan sosteniendo el telescopio.
Sigan añadiendo tu fe.
Tu futuro ya se está formando—¡Sigan Mirando!
“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” — Hebreos 11:1
By Berta P. WeyenbergA veces, al final de un año, se hace difícil visualizar el que viene. Y a veces, al final de una temporada, se complica imaginar lo que sigue. Anoche, mientras hablábamos de estos temas profundos y existenciales, mi amiga Dehily compartió que en la temporada que está viviendo ahora, le resulta difícil ver lo que viene. Y sé que no es la única, muchos de mis amigos están en esa misma posición.
Así que hoy quiero ofrecerles una imagen sencilla:
Pongan sus manos como si estuvieran sosteniendo un pequeño telescopio.
Si pudieran usar esta metáfora para sostener sus ideas, sus preguntas, sus esperanzas… ¿qué verdades ocultas comenzarían a ver? Un telescopio nos permite ajustar el lente para acercar lo que está lejos, hacerlo más claro, más nítido. Cosas que no se pueden ver con tus ojos naturales se vuelven visibles cuando se miran a través de un instrumento diseñado para ayudar a ver más lejos.
Pero aquí está la verdad:
A veces, ni siquiera un telescopio es suficiente.
Porque hay temporadas en las que lo que viene no solo está lejos… es invisible. Aún no se ha formado. Aún no ha sido revelado. Y en esos momentos, se necesita algo más que una herramienta.
Se necesita agregar el corazón a ese telescopio.
La fe.
La disposición de cerrar los ojos y confiar.
Así que imaginen esto: con tus manos levantadas como un telescopio, cierren los ojos. Dejen que el corazón se convierta en el lente. Dejen que el espíritu empiece a procesar aquello que se anhela, lo que se espera que Dios revele, aquello en lo que están creyendo, aunque aún no puedan imaginarlo.
Un telescopio es un instrumento para ver cosas en lo natural… pero la fe…la fe es la convicción de que lo que no se ve, y aun así es tan real.
La fe dice: “No sé cómo va a suceder, pero sé que Dios tiene algo preparado para mí.”
Así que hoy, tomen ese telescopio imaginario.
Miren hacia la distancia.
Agreguen nuestra fe.
Y comiencen a mirar al próximo año:
Día a día,
Semana a semana,
Mes a mes.
Piensen en los 12 meses que vienen como 12 oraciones, 12 esperanzas que se colocan delante de Dios. Un número hermoso. Un ritmo sagrado.
Y confíen en esto:
El mismo Dios que puso esos sueños en el corazón, es el Dios que honrará esos deseos.
Aun antes de que puedan verse
Aun antes de que tomen forma.
Solo sigan sosteniendo el telescopio.
Sigan añadiendo tu fe.
Tu futuro ya se está formando—¡Sigan Mirando!
“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” — Hebreos 11:1