Todo empezó cuando la sala Rocksound anunció su actuación para el pasado 30 de octubre, etiquetando la banda como heavy psych. Eso ya merecía la pena una escucha. Y así es, mucho sonido heavy psych, con el nervio y la contundencia que nos gusta en el Temple del Gos. Pero la cosa no se queda ahí. Excepto el primer álbum homónimo (2014), en el que el sonido es algo más repetitivo, oscuro y pesado musicalmente, y se podría enmarcar con más argumentos en el género stoner, el segundo, Rootstock (2018), ofrece un cambio de tercio radical y empiezan a aparecer las florituras psicodélicas, hardrockeras y progresivas que hacen del disco un auténtico cañonazo para tus oídos.
Ya en County Haze, publicado este 2019, se puede comprobar la genialidad del trío de San Marcos (Texas) y su aporte innovador a esta escena heavy psych del siglo XXI. Temas igualmente rockeros combinados a la perfección con el folk sureño norteamericano, otras veces composiciones frescas y bailables más allá del agitar la melena y con el groove atacando tus caderas.
¡Y todo esto sin aspavientos!