El escultor Li-Hara fuma parsimoniosamente su larga pipa. Sus ojillos verdosos, como de víbora, están fijos en los del mozo Kiwa. Faltan pocos minutos para la medianoche, el Barrio Chino parece aletargarse bajo una atmósfera pesada y presagiante.
El escultor Li-Hara fuma parsimoniosamente su larga pipa. Sus ojillos verdosos, como de víbora, están fijos en los del mozo Kiwa. Faltan pocos minutos para la medianoche, el Barrio Chino parece aletargarse bajo una atmósfera pesada y presagiante.