Aroti, un criado de la princesa Jazmín, ha descubierto un cuerpo flotando en el mar. Jazmín y el pequeño Solín miran tensos cómo el náufrago desaparece a intervalos sobre las olas. Una corazonada le dice al pequeño Solín que ese hombre es Kalimán.
La joven Tagasi-Chani se queda inmóvil junto a la puerta, ha escuchado claramente un gruñido sordo y ahogado como el lamento de una fiera herida o de un hombre presa de la locura. La hermosa mujer avanza cautelosamente cuando ve algo moverse.
El hombre increíble procura no hacer movimientos y se despoja de sus desgarradas ropas que llaman la atención de los tiburones. Kalimán queda semidesnudo cubierto apenas con una trusa, se dispone a intentar escapar del ataque de los escualos.
"El sueco" apaga el motor de la lancha y avanza hacia donde Li-Hara se prepara a cumplir su amenaza. Ambos se inclinan para levantar el cuerpo de Kalimán y lo meten dentro de un costal, luego proceden a atarlo fuertemente y envolverlo con una cadena.
Los azules ojos de Kalimán escudriñan a sus raptores, Li-Hara y "El sueco" permanecen junto a él mirándolo burlones. "El sueco" avanza hacia Kalimán con un puñal en la diestra, bruscamente lo hace poner de pie y le acerca el puñal a los ojos.
Kalimán se da cuenta demasiado tarde que ha caído en una trampa. "El sueco", haciéndose pasar como taxista, lo amenaza con un revólver. El hombre increíble, ante la amenaza del arma que lo apunta muy cerca de su cuerpo, sonríe sereno y tranquilo.
Kalimán fija sus ojos en una mancha roja que se extiende por la alfombra y se inclina para observar la mancha de sangre y seguir el hilillo rojizo que marca el sitio por donde escapó el tigre asesino. Tagasi-Chani se refugia en el pecho de Kalimán.
Los azules ojos de Kalimán ven con firmeza a la bella Tagasi-Chani, quien después de permanecer callada le dice al hombre increíble que confía plenamente en él. En el Barrio Chino, algunos ven con sorpresa que el bazar de Chon-Wai está abierto.