Los azules ojos de Kalimán miran interrogantes a la joven Tagasi-Chani. La muchacha expresa su culpa por delatarlo con los asesinos asiáticos. Kalimán aparta de la calle a Tagasi-Chani en el justo momento en el que un auto cruza junto a ellos.
El pequeño Solín viene sostenido por Lon-Mao, le han vendado los ojos para que no pueda identificar el sitio por donde avanzan. El escultor Li-Hara le dice, al pequeño, con tono siniestro: ¡tendrás el privilegio de conocer al tigre de Hong kong!
Kalimán mira intensamente a Jazmín, la hermosa y enigmática mujer continúa hablando serenamente. El pequeño Solín mira aterrado a sus captores, permanece atado de pies y manos encerrado en los sótanos del museo de cera del escultor Li-Hara.
Las manos blancas de Jazmín limpian la sangre del rostro de Kalimán. Poco a poco va desapareciendo el maquillaje que hace ver a Kalimán como el difunto Kiwa y aparecen sus rasgos de asombrosa belleza varonil.
Un hermoso rostro de mujer, envuelto en negro encaje, asoma por una ventanilla del auto, y con gesto interrogante exclama: ¿Kalimán está muerto? Los dos corpulentos hombres hacen movimientos negativos con la cabeza, la mujer sonríe esperanzada.
En la semioscuridad de la bodega, kalimán permanece tenso e interrogante. Ha logrado abrir una de las cajas de madera que, al parecer, contiene el contrabando de joyas, pero sufre una desilusión al encontrar, tan solo, frutas exóticas de oriente.
Lon-Mao, Li-Hara y Kalimán, fingiendo ser Kiwa, llegan a la taberna del Pez Dorado y entran en un compartimento reservado. En este espacio, iluminado tenuemente por una lámpara de foco amarillento, un hombre espera escondido entre las sombras.
Tagasi-Chani tiembla aún de terror y angustia. Ha salido de la casa huyendo de la amenaza de Lon-Mao y se ha escondido en una barcaza atracada en los muelles. No se atreve a mover un solo músculo de su cuerpo por temor a delatar su presencia.
Kalimán, haciéndose aún pasar por el difunto Kiwa, llega hasta uno de los barrios más sórdidos de los muelles. Ahí donde los callejones parecen más estrechos y peligrosos. El barrio donde los marinos gustan de reunirse por las noches a celebrar.
Li-Hara y Lon-Mao ven alejarse a Kiwa. Aunque el disfraz de Kalimán, como Kiwa, es perfecto, el astuto Lon-Mao aún tiene sus sospechas. Kalimán, oculto detrás de una puerta, ha escuchado que Li-Hara y Lon-Mao lo dan por muerto. Su plan está andando.