El pequeño Solín y Tagasi-Chani, desde su escondite, observan cómo la princesa Jazmín se despide del grupo de marinos y llega hasta su lujoso automóvil negro custodiada por los dos gigantescos chinos que le sirven de guardespaldas.
Todo el Barrio Chino se ve desierto y oscuro. El museo de cera de Li-Hara permanece cerrado, pero una sombra se desliza por una pequeña ventana que conduce a los sótanos. Un filoso puñal surge de entre las sombras sostenido por una mano firme.
En el interior del closet Kalimán y el pequeño Solín permanecen ocultos escuchando los comentarios de los periodistas y las informaciones que da el sargento Norton. El pequeño Solín interroga quedamente a Kalimán.
La hermosa y enigmática princesa Jazmín trata de alejarse, pero Kalimán la detiene suave por el brazo. El hermoso rostro de Jazmín se descompone con rictus de angustia y sorpresa, y sus ojos negros se abren desmesurados y se fijan en Kalimán.
Kiwa permanece derrumbado sobre el sillón, inmóvil, con un gesto idiotizado en su rostro asiático. El hombre increíble lo observa detenidamente. El pequeño Solín permanece en un rincón observando la escena y Tagasi-Chani permanece junto a Kalimán.
Jazmín se estremece al sentir a Kalimán en sus manos, entrecierra los ojos soñando con mil caricias, luego reacciona sonriente y se aleja presurosa. Kalimán trata de detenerla, pero dos fornidos asiáticos le cierran el paso mirándolo amenazador.
Kalimán ha regresado al hotel en el instante mismo en que el tigre asesino se dispone a atacar al pequeño Solín y a la bella Tagasi-Chani. Al romper la puerta, impulsado por sus poderosos músculos, la fiera ha escapado por la terraza.
Lejos del hotel, en uno de los despachos de la jefatura de policía, Kalimán se muestra fatigado y nervioso. El interrogatorio del sargento Norton continúa enérgico y pertinaz, mientras tanto, el poderoso cerebro de Kalimán capta un mensaje.
Kalimán permanece en silencio. La mirada del sargento Norton es interrogante. El hombre increíble no quiere mezclar al pequeño Solín en esta investigación y decide no mencionar su nombre. El oficial escudriña a Kalimán y vuelve a mirar su vestimenta.
Kalimán, Tagasi-Chani y el pequeño Solín, avanzan presurosos por el Barrio Chino. El hombre increíble esboza una sonrisa de triunfo y burla recordando cómo ha derrotado al escultor Li-Hara. la hermosa Tagasi-Chani mira con admiración al héroe.