El autor inspirado del libro de la Sabiduría presenta la actitud divina con los hombres en unas pocas pinceladas dándonos una entrañable imagen de nuestro Dios. Recuerda que Dios perdona, gobierna con indulgencia, da lugar al arrepentimiento. Ese modo de actuar de Dios se convierte en inspiración para el creyente: "obrando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser compasivo, y diste a tus hijos la dulce esperanza porque, después del pecado, das lugar al arrepentimiento». El verdadero creyente, quien intenta ser justo y bueno según Dios, ha de aprender a ser compasivo como el Señor, superando la tentación de dividir el mundo en malos y buenos para despreciar al "malo». El creyente ha de aprender a esperar en el arrepentimiento del pecador, como espera Dios, y al mismo tiempo, ha de recordar que por ser pecador él también debe arrepentirse y volver cada día al camino de la fidelidad al Señor. Por eso debemos acoger la parábola del trigo y la cizaña que el Señor Jesús enseñó, pues el mal es una realidad en la vida de los hombres, no obstante, el camino del bien prosigue y el Señor actúa aún en medio de la iniquidad de quienes quieren impedir su actuar.