En la lejanía, los perros jíbaros deambulan por las márgenes de la presa Zaza. En la mañana, Yudith Gómez Pérez vio merodeando uno por los alrededores del horno de carbón, y se lo advirtió a su esposo Alejandro Mayo Rodríguez. Ella no le tiene miedo a coger el hacha y pasarse un día entero derribando marabú; pero, sí respeta a los perros jíbaros que se dan en la zona espirituana de Palma, como la jutía en monte virgen.