Se nos va de ojo la pérdida de profundidad de las relaciones humanas, por el uso mercantil del tiempo que nos convierte en servidores del trabajo y del ego.
Usar el tiempo solo para obtener un rédito económico o alimentar el narcisismo, conduce a la intolerancia y a utilizar a las personas como meras herramientas para el triunfo personal.
De este modo se pierde la sabiduría que se obtiene de compartir el tiempo sin más objetivo que conocerse mejor. Perder el tiempo no es no hacer nada, si se emplea para conocer las emociones y sentimientos de las personas que forman parte nuestro mundo, que libera de la presión mercantil de búsqueda de un rédito económico o estatus social, y abre la mente a compartir y empatizar con los demás y a demostrar, sin vergüenza, el cariño que todos necesitamos para sentirnos más humanos y mejores personas. ¡Que no se te vaya de ojo!