Rabí Jiya dice que la guerra que Amalec libró contra Israel fue por todos lados, porque una serpiente maligna se fortaleció arriba y abajo. Habla de la impureza, la contaminación nocturna y cuenta cómo Dios le proporcionó a Bilaam un lugar de impureza como se merecía. Si no hubiera sido por Moisés arriba y Josué abajo, Israel no habría vencido a la serpiente maligna, que había planeado robar la señal del pacto. Rabí Jiya dice que dondequiera que haya gente pecadora, los justos y piadosos entre ellos son castigados por sus pecados, pero como el tabernáculo debía ser construido solo para los hijos de Israel, Moisés los reunió y los separó de las otras naciones. Rabí Elazar dice que cuando el pueblo dio un gran grito, el sonido hizo que las tablas de piedra cayeran y se rompieran porque las letras volaron de ellas, dejando las piedras pesadas y sin espíritu.