En la Bogotá del siglo XIX, Isabel, conocida como "la dama de las rosas", era famosa por su extraordinaria belleza. Aunque tenía muchos pretendientes, su corazón pertenecía a Don Felipe, un mercader ambicioso que la veía más como un trofeo que como un amor verdadero. Para casarse con él, Isabel le exigió a Felipe que primero superara a su rival, el noble Don Camilo. Desesperado ante la posibilidad de perder, Felipe acudió a los cerros orientales de Bogotá, donde invocó a un demonio.