SABER MORIR
Tener una buena relación con la muerte es tenerla con la vida. Si no sabemos morir, no sabemos vivir. Alejados de la cultura de la muerte hemos crecido y hemos sido educados ajenos a este fenómeno existencial, vital, permanente e inexorable. Saber morir es saber soltar. Se une así a la cultura del desapego o pobreza espiritual.