SABER RECIBIR
No estoy para sustos nos decimos. No me gusta recibir malas noticias. Primero las buenas y luego las malas noticias. Recibir todo lo que se presenta en nuestras vidas como propicio para nuestro desarrollo es muy difícil de asumir por la mente que todo lo juzga y etiqueta de manera automática. Saber recibir lo que parece malo es una sabiduría. A caballo regalado no le mires el diente.