Mientras usted corre de un lado a otro —respondiendo mensajes, apagando alarmas, huyendo del tráfico o del jefe— hay lugares donde el tiempo parece haberse detenido. Rincones alejados del ruido, del correo urgente, de la reunión que empieza tarde... Me refiero, por supuesto, a esas tranquilas residencias de ancianos. Espacios pulcros, ordenados, donde la vida transcurre con la serena lentitud de una infusión caliente. Donde los días se cuentan en meriendas, las horas en pastillas, y los conflictos en silencios prolongados. Un auténtico remanso de paz… ¿O no? Porque, como bien saben ustedes —y si no lo saben, deberían aprenderlo ya— la calma es solo una forma elegante del silencio. Y el silencio…, guarda secretos. Hoy les invitamos a asomarse a uno de esos lugares donde nada parece ocurrir… Y sin embargo, ocurren cosas que ni ustedes ni yo nos atreveríamos a imaginar. Hoy en Miedos cotidianos. “En buena manos”