Hechos 3:1-10 no se agota en el éxtasis del momento —el hombre aferrado a Pedro y Juan, llenando el templo de gritos de gozo—, sino que profetiza la misión de la iglesia: proclamar un Evangelio que no promete prosperidad efímera, sino la totalidad en Cristo, donde la fe audaz libera lo atado por el pecado y la aflicción. Pedro, invocando el nombre de Jesús, revela que la herencia apostólica no radica en posesiones, sino en el poder del Resucitado que hace lo imposible. En última instancia, este milagro nos recuerda que en Cristo lo tenemos todo: sanidad para el cuerpo, gozo para el alma y propósito para la eternidad; es un llamado a dejar las limosnas superficiales por la entrega radical, donde la iglesia, como testigo vivo, extiende manos vacías pero llenas de su gracia, transformando mendigos en mensajeros de la gloria divina.
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07/12/2025 - PREDICACIÓN DE LA TARDE - SERIE VARIADO
Curación de un cojo
3 Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración. 2 Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. 3 Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna. 4 Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos. 5 Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo. 6 Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. 7 Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; 8 y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. 9 Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios. 10 Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido.
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