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Argimiro es un funcionario gris de los funcionarios grises de toda la vida, con fama de hombre íntegro porque nunca ansió participar en las intrigas del Ayuntamiento. Es por eso que las concejalas piensan en él para que les eche una mano con lo de las escrituras, poniéndole al alcance de la mano una oportunidad que nunca había soñado.
Xiana y Ramón despiertan el el Dique de Abrigo, el bosque desapareció y la marea está bajando. Ramón habla con la concejala para averiguar la identidad de su cómplice y quedan con el para hablar de las escrituras.
Agrupación de los diez capítulos de la novela En el fondo, sin interrupciones.
El concejal sabe que se fue de la lengua con su yerno y llama a Andrés para ver como va la cosa. Andrés está en el hangar supervisando la descarga de los maletines, cuando Ramón llega se pone a abrirlos compulsivamente.
Carlos decide llamar a Salva para tratar de sacarle algo de información y llegar al dinero antes que su suegro. Salva piensa que quiere hablar de su caso y le insiste para quedar esa misma noche. Quedan en un bar y, tras unas copas, Salva acaba contándole toda la historia.
Xiana y Ramón caminan por el bosque sin rumbo, sólo guiadas por la marea y terminan en un peñasco al final del Dique de Abrigo porque Ramón se cansa de andar y teme morrir ahogado, claro que decirle a Xiana que en la vida hai más que dinero tampoco le ayuda mucho a sobrevivir.
Alberto va todo el camino a casa de Xiana pensando en la manera de escaquearse. Por suerte, cuando están delante del puesto de filloas, a punto de comenzar con el plan, aparecen unas turistas que le gustan a Andrés y ambos acaban marchando con ellas, librándose de tener que "entretener" a Salva; aunque tendrán que volver a rematar el trabajo.
A Alberto no le parece bien el plan que traza Ramón para quedar con el dinero una vez Xiana lo saque de las profundidades, y mucho menos bien le parece la idea que le plantea de que tiene que "entretener" a Salva mientras él se encarga de Xiana.
Xiana y Ramón se adentran en el bosque que nació de la semilla de un metrosidero de los que había en los antiguos Jardines de Méndez Núñez. Ella lo hace aprovechando la cara de pánico de Ramón, como una coacción sutil para hacerle confesar todo lo que tiene que confesar, sin darse cuenta de que, ella, tampoco tiene demasiada experiencia caminando por aquella zona.
María, Josefa y Carmen afrontan juntas el trato injusto que reciben sus departamentos en favor del de Urbanismo, y deciden urdir un plan para sacar provecho de la operación que sospechan que están organizando desde el Ayuntamiento por el maremoto.
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