Cristo iba a ser juzgado formalmente ante el Sanedrín, el principal cuerpo judicial de los judíos, pero se le sometió a un juicio preliminar delante de Anás. Bajo el gobierno romano, el Sanedrín no podía ejecutar la sentencia de muerte. Sólo podía interrogar a un prisionero y dar la sentencia, que debía ser ratificada por las autoridades romanas.