EN EL SILENCIO DEL VOLCÁN 27
No he dejado de ser ni un solo siglo desde mi evolución
la bandera que otea al horizonte de esta tierra guanche
ese faro que transgrede todas las alturas y toca el cielo,
cuando llevo dentro parte del infierno entre mis paredes
de una ardiente sangre, de tiempos que no han muerto,
desde los comienzos de la creación de un planeta
apenas recién nacido.
He sido dolor, erupción y temores de afortunadas Islas,
durmiente, activo desde mi origen.
He hecho cambiar la historia despertando a veces
con un bostezo de azufre con mis hermanos
cercanos a esta tierra donde me hallo
siendo esmeralda, de olivinas brillantes y obsidianas
nacidas de lava negra y muerta desde lo más alto,
con fumarolas tocando cielos y sus misterios.
He ido acumulando en mi corteza miles de historias
donde mis actos han dado truenos, quemado campos,
aunque dormido, es mi destino el despertar
cuando los dioses me den la orden la natural
de destruir y de crear nuevas historias
también escritas en esta tierra cerca del mar.
No estuve solo en mi nacencia pues mis hermanos
el Teleguía y Tajogaite van de la mano de Timanfaya
a visitarme bajo las olas corriendo el riego de despertarse
tiñendo nubes de fumarolas como banderas volando al cielo
a descubrir esos misterios que nunca mueren con los volcanes,
nacen profundo bajo las aguas
allá en lo oscuro donde se nacen
de aquellos reinos casi olvidados
dioses en los niveles más abisales,
con su luz propia.
Chema Muñoz©