EN EL SILENCIO DEL VOLCÁN 29
Hace tantos milenios después de haber nacido,
la piel se me tornaba con formas muy diversas,
eran estratos, volcanes en escudo reclinados
cerca de los volcanes mayores nacidos
en periodos distintos.
Juntos ya somos miles de corazones de lava
y de cenizas recluidas en capas
dispuestas a deshacernos de esa capa viscosa
que corre endureciendo por nuestras galerías.
Nuestra voz es estruendo de lava endurecida
recorriendo en espera por todo este planeta,
nuestra escoria descansa en grandes dimensiones
deslizándose muy lento por esas dimensiones
formándose en cadenas, impredecibles domos
esperando fluir.
Recreamos las formas que se nos viene en gana,
espinas puntiagudas, o pétalos de flores
de diversos colores en lenguas asimétricas,
incluso magdalenas, domos de lava oscura,
resurgimos en flancos de hermanos mayores
alzando en la distancia cientos de metros de altura.
Veo mi chimenea apagada en decenios,
mi sangre no corre ya en la altura hacia el cráter,
para encontrar los cielos donde unir sus cenizas
esparcirlas al aire, jugar junto a las nubes.
Se ha encerrado en la cámara del magma de mi alma,
ya me morí hace tiempo, no tengo actividad,
como humano que nace igual que los volcanes
para morir al tiempo junto a la mayoría,
sólido y frío en corteza terrestre,
en Anillo de fuego rodeado del mar.
Chema Muñoz (c)